Próximas Citas

  • Viernes 18 – 20:00 – Las Rozas , Madrid

Presentación de Morir por la Cima, en King Kong Climbing Gym.

Estaré allí entrenando por la tarde.

¡Os espero!

Calle Cabo Rufino Lázaro 14, Las Rozas de Madrid.
tlf. 916 376 640
info@kingkongclimbing.com

 

  • Viernes 25 – 19:00 –  Sala Ámbito Cultural de El Corte Inglés Portal de L’Ángel, Barcelona

Estaré con Álvaro Bultó, conocido deportista extremo miembro del Proyecto Alas. Os contaremos lo que tenemos entre manos para este verano, presentaremos el Libro Morir por la Cima  y se proyectará el documental Free Base en Riglos.

¡No os lo perdáis!

Portal de l’Àngel, 23 Barcelona
Tel.: 933 063 800 

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Nueva vida.

Hace días que no escribía nada por aquí. Estaba bloqueado después de la bestial experiencia en el Karakorum junto a Alex Txikon. La verdad es que ni ahora acabo de llegar a comprender muchos de los acontecimientos que allí viví. La tragedia de los tres alpinistas desaparecidos Gerfried, Cedric y Nizar ha marcado claramente nuestra expedición. Me he encontrado con el deseo de transmitir todo lo que allí viví por la cercanía que he sentido con la gente que nos ha apoyado, es como si debiera algo. Por otra parte se me hace imposible valorar públicamente parte de lo que he sentido de verdad, especialmente porque ante la muerte todos nos igualamos y sería fácil interpretar de manera errónea cualquier comentario. Siempre es muy fácil hablar cuando uno no ha estado cercano a los acontecimientos, y lo que se critica desde la distancia está sometido claramente a aguas pantanosas donde abunda más el error que el acierto.

Todo lo que había ocurrido con anterioridad en esta expedición había llevado a Alex a la decisión acertada pues simplemente volvió con vida de aquel infierno helado donde la vida solo es posible por unos instantes. Hay poco más que hablar. Quiero valorar todo lo bueno que viví junto a Gerfried, Cedric y Nizar por espacio de dos meses muy intensos. Todos ellos tenían la ilusión de niños que les mantenía con una energía y empuje envidiables. Ahora solo pienso en sus familias y que puedan recuperar sus mejores recuerdos para no olvidarlos jamás.

El alpinismo extremo solo comprende de decisiones acertadas. Un error puede llevar a un desenlace fatal. La lección que podemos extraer no lleva consigo el aval del éxito futuro. Pero para mi que hay que pensar siempre en uno mismo independientemente del grupo y por bien del grupo. Es decir que si uno no lo ve claro no hay mejor decisión. Yo me tuve que volver porque tenía un compromiso ineludible, por respeto al trabajo “normal” en estos tiempos de crisis. Y lo digo entrecomillado porque el alpinismo siempre ha sido para mi trabajo aunque esto sea difícil de entender. Pero cuando tu compromiso con el alpinismo ha sido la vida y toda tu energía, este también se convierte en trabajo donde abundan intereses totalmente mercantilizados. No me puedo imaginar que hubiera sido de mi por solo cinco días, me encontraba fuerte y totalmente motivado. Tuve mi aventura volviendo con los militares por el Karakorum solo. Nunca pensé que subirían hacia cima viendo el tiempo que pronosticaban por la web.

El invierno en el Himalaya me ha devuelto las ganas de intentar alguna otra montaña alta. Pero esto será el año que viene cuando afiance mi trabajo en Adidas, empresa a la que ahora me debo y donde comienzo una nueva vida. Fue hace unos cuantos años cuando Adidas intentaba entrar en el mundo del Outdoor. Ahora ha cambiado totalmente tanto el material como su filosofía.  Tuve una época como patrocinado muy buena de la que guardo un gran recuerdo y que me ha llevado hasta aquí. El fruto de los esfuerzos pasados parece que ahora se pueden recoger y me encamina a un reto como el mayor de los ochomiles, salvando siempre la diferencia de que el trabajo en cualquier empresa no conlleva un riesgo para la vida.

Escalando en Patones hace unos cuantos años, entonces Adidas solo unas pocas prendas relacionadas con la montaña


Corriendo en la Pedriza con algunas de las primeras zapatillas de trail running.
Escalando en la Pedriza para una sesión de fotos.

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Acogido por militares pakistaníes.

Metido de lleno en el corazón de las montañas más altas de la tierra me tenía que volver como fuera. Mi tiempo se acabó en el Gasherbrum I. Encontré una posibilidad de volverme solo por el océano de hielo que representa el glaciar del Baltoro. Los militares pakistaníes que custodian la frontera con China e India se marchaban también para Skardú, era mi oportunidad para bajar con ellos.

Tanto Alex como yo hicimos muy buenas migas en el base militar cercano a nuestro campamento, con el “Mayor”, al que yo apodé “Saladin el grande”, hablamos de política hasta discutir de buenas maneras y tener que defender que los musulmanes no conquistaron España, sino la península Ibérica, que era cosa muy distinta… No por ánimo de defender España sino lo que es justo ya que España se convirtió en el primer estado reconocido muchos siglos después.

La cosa es que al final acabé embaucado por sus artes musulmanas y me encontré en sus manos. Intercambiamos unos cuantos intereses como material de montaña, comida y gracias a Saladin pude integrarme en su grupo de reemplazo que ya se iba valle abajo.

Nada mas llegar a Skardú por aire se puede ver un letrero gigante en la tierra que dice “welcome to defenders of the north” en palabras de los militares, defienden en la frontera la parte de Cachemira que les corresponde, grandes recursos de agua por los glaciares y el K2, la segunda montaña más alta del mundo. Mucha gente en Pakistán quiere ser militar por seguridad. Es un buen empleo aunque no ganan más de 150 euros al mes. Pakistán es un país fuertemente militarizado desde su separación de  la India con la descolonización inglesa.

En el silencio más absoluto provocado por una especie de neblina empecé a bajar el glaciar olvidándome del pleno invierno acompañando finalmente a los militares. Me costaba creer que estos hombres estuvieran preparados o dispuestos a matar en una zona de montaña como el Karakorum, siendo tipos de lo más corriente que rezuman pacifismo por todos lados. Todos los que vienen a vivir la experiencia en invierno son voluntarios.

El invierno definitivamente te enseña una cara muy diferente de la realidad de la montaña. Todo te embarga con un halo de misterio y poder absolutamente asombroso. El saber que no hay nadie en kilómetros a la redonda cambia bastante el asunto.
Lo que pensaba que iba a ser un mero trámite o simplemente una experiencia algo dura se convirtió casi en la aventura de la expedición, comiendo muy poco, pues los puestos que tienen asignados por el glaciar estaban poco avituallados al no poder entrar los helicópteros por este invierno tan malo.

Después de jornadas de hasta once horas, acabábamos machacados con la única posibilidad de echarnos un pequeño plato de Dal en la boca, una especie de lentejas que ni la peor de la abuelas haría más sencillas.
Me sorprendía cada noche como algunos de los soldados con la desesperación del hambre aún conservaban las buenas maneras ofreciéndote un plato antes o comiendo sin ansiedad. Algunos de ellos no sabían dónde se encontraba España o ni siquiera sabían tocar mi ordenador. El capitán Omar sin embargo era alguien con quien se podía dialogar y tener una conversación fluida. Se nota que los cargos más altos tienen una mayor educación y de hecho la mayoría han pasado por la universidad. Casi todos rechazan el terrorismo y defienden tanto la democracia como la modernidad en la estructura militar, no en balde las mujeres ya están siendo reclutadas para puestos administrativos.

La presencia de los Kalashnikov cercana hacía que la realidad me devolviera el momento que vivía y con quién lo vivía. No puedo dejar de recordar la sonrisa de Sahin quien me hacía sentir la cercanía de la amistad.

Esto es lo que he aprendido entre palizas de glaciar durante seis días. Todas las razas son iguales, amén de una educación natural que se desarrolla en mayor medida, o no, con el tiempo. Todo depende de la inquietud natural de las personas. Saladín era un tipo tremendamente cultivado a pesar de las limitaciones que le daba el ejército o su cargo. En su ordenador había textos de lo más profundo incluido el Corán al que dedicaba buena parte de cada mañana. Los militares no salían cada día a andar sin su buena dosis de rezos matutinos. Todo esto de la educación que parece una obviedad se entiende mejor cuando sufres cuerpo a cuerpo en la vastedad de una aventura tan increíble como es el Karakorum en invierno.


Las diferentes culturas, las religiones, las nacionalidades pueden ser algo interesante. Sin embargo, los hombres son iguales, ríen, se cansan, tienen agujetas y les gustan los sugus. La sonrisa de Sahin me ha marcado de por vida el recuerdo de unos días imborrables. El invierno me ha hecho más fuerte, sin duda. Me preocupa cuánto tiempo seré capaz de mantener mi aprendizaje.

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Retirarse no es lo mismo que renunciar

Aprendí con todos los clásicos lo que es el alpinismo y la aventura. Terray, Cassin, Bonatti, Messner como los principales maestros. Luego fueron apareciendo otros más contemporáneos. Todos ellos tienen la culpa de mi peregrinaje.
Decía Lionel Terray que 25 años de alpinismo cambian a un hombre. Yo también he cambiado, la cima dejó de ser lo más importante hace años.


Desde que aprendí a volar un poco con el salto BASE y el parapente la montaña me ha ofrecido otra visión mucho más amplia. Tenía el sueño de volar desde un lugar alto en pleno invierno. Tener una experiencia nueva. Pero la idea que más me motivaba al venir al Karakorum en invierno con Alex era  redescubrir la montaña una vez más al igual que me pasó con el salto BASE,. Llevaba diez años sin venir al Himalaya. Yo ya había estado ocho veces, cuatro de expedición ( K2, Cho-oyu, Thalay Sagar y Shivling) y otras cuatro a picos de trekking de poco más de seis mil metros. En comparación con la gente con la que venía al GI todo mi experiencia no es nada. Alex y los otros miembros de la expedición suman 25 ochomiles a sus espaldas. Y eso se nota en la seguridad con la que hacen las cosas y sobre todo en los esfuerzos en  altura.

Después de unos años había perdido un poco de seguridad pero no de confianza. Desde que me llamó Alex desde el K2 en pleno verano no había dejado de entrenar y durante la expedición me he sentido fuerte todo el tiempo excepto los primeros días. Me han vuelto las ganas de subir a algunas montañas altas como el K2.

En el último intento de ascender a la cumbre Nizar, nuestro compañero pakistaní con diez ascensos a ochomil metros en Pakistán y con el firme deseo de escalar los catorce ochomiles, me planteó la posibilidad de no subir saco de dormir y compartir el mismo saco. No lo dudé un segundo con tal de no subir más peso. ¡Menudo error! El mismo planteamiento en verano y con el mono de plumas tiene algo de sentido pero en pleno invierno deja de tenerlo.
Mi ambición que tantas veces me ha hecho pagar un duro peaje se volvió a presentar dejándome en la estacada. El mal tiempo me salvó de lo que hubiera sido una locura: seguir hacia la cumbre. Me encontré vacío y exhausto habiendo dado todo lo que hay dentro de mi.

No me retiro de pasarlas putas, pienso seguir atado al mástil al igual que Ulises cuando su barco atraviesa las aguas frente a las sirenas (unas mujeres fantásticas que cantaban de forma tan bella que los marineros desprevenidos perdían la razón y hundían ellos mismos la nave). Ulises cambió su forma de pensar para poder sobrevivir, taponó con cera los oídos de los marineros y se hizo atar al mástil para poder escucharlas. La nave cruzó las aguas sin peligro. Quiero seguir su ejemplo. Finalmente también he sobrevivido a mi propio atrevimiento. El invierno que he atravesado me ha enseñado que siempre seré nadie ante el frío y la inmensidad de la naturaleza. Pero todavía hay montañas y experiencias que están cantándome al oído.

Me tenía que volver. Ya casi estoy a salvo en casa.

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No existen metas regaladas

 Nos hemos quedado solos. Aunque no estaban tan cerca, se podía sentir el calor de otras expediciones que compartían los mismos retos que nosotros. El otro día pudimos hablar con Simone y Dennis por skype que se encontraban en el Nanga Parbat. La tecnología hace que nos dejemos impresionar por algo que será normal en breve. En realidad, las expediciones punto.com solo facilitan un poco más la estancia en el campo base, más allá te encuentras solo en la montaña. Yo me siento un poco de la vieja escuela cuando no se tenían noticias de uno hasta la vuelta. De esta forma no es posible vender humo de ningún tipo. Es lo que pasó con Asgard Project hace tan solo un par de años, nadie se enteró hasta que volvíamos con la cima y una película en el bolsillo. Por otra parte, entiendo que puede ser muy entretenido seguir una expedición como quién sigue un buen partido de fútbol. También está el hecho de que la gente más cercana a ti se quede más tranquila teniendo noticias rápidas y directas.

Alex y Carlos por skype con Santi Corella y Toni López, dos grandes del paracaidismo y del salto Base

Mientras escribo con los dedos, casi cubiertos por las mangas de mi chaqueta, oigo a mi lado a varios porteadores hablando de la vida. Nos hemos ganado su respeto. Es una buena sensación sentir como culturas tan diferentes se pueden entender tan bien. Compartimos con ellos el pequeño espacio de la cocina que es donde más calentito se puede estar.

Afuera corre el aire y la nieve. Algunos miembros de la expedición se empiezan a poner nerviosos y quieren subir otra vez para arriba, aprovechando algún día suelto. Ya hay varios congelados. Alí un porteador de altura de la expedición polaca puede que sea el más perjudicado. Cetric también se congeló los dedos de los pies. Janusz buen escalador del equipo polaco volvió el otro día con la cara quemada en los mofletes, al menos salvó la nariz. Yo mismo he estado a punto de congelarme dos veces.

La última vez que subimos dormimos en el campo 1 a seis mil doscientos metros. Salir del saco se convierte en una verdadera odisea. Por más calentitos que salimos de la tienda fue inevitable enfriarse los pies a los pocos metros. El frío empezaba a apretar y no había más solución posible que seguir para arriba si queríamos avanzar algo de trabajo.

El día anterior Cetric había abierto unos largos de verdadera dificultad con hielo vivo a más de seis mil metros. Mi pacto con Alex era que él subía una mochila más pesada con dos tiendas y que los metros finales de la arista los abriría yo hasta asomarnos al otro lado. Fue una buena paliza hasta que llegamos al último tramo. La verdad es que me encontraba fuerte pero la última parte se volvía vertical con nieve inestable encima del hielo que hacía que te resbalases continuamente. Poner un tornillo de hielo me llevó más de media hora y llegar al último punto, más de dos horas. La cornisa estaba encima de mi cabeza, no debían quedar ni cincuenta metros para llegar a la arista pero el frío era intenso y no había manera de concentrarse más. Coloqué otro tornillo y empecé a rapelar hasta donde estaba Alex ya casi congelado. Tomamos la mejor decisión, justo antes de que nos tuviesen que cortar hasta los cataplines.

 Si algo se aprende en la montaña es que a pesar de estar entrenado no hay regalos que valgan. Y si existen, estos te colocan en peor posición, pues puedes llegar a creerte que te lo habías merecido. Me viene el recuerdo de Bonatti cuando escribía que a esa conclusión había llegado después de tantas aventuras “que no existían metas regaladas más allá de las cimas alcanzadas”. En esto radica la magia del alpinismo que nos da las lecciones más profundas, y por eso siempre merece la pena adentrarse en la boca del lobo, cualquiera que sea tu nivel, pues de otra forma corres el riesgo de convertirte en aquel que siempre opina allí abajo dando lecciones que desconoce. En estas tierras altas donde no existe jurisprudencia, cada uno sabrá lo que puede dar de si mismo y la inseguridad, creará un espíritu más asentado en la realidad. Ayer pude ver, por fin, al zorro que merodea por el campo base. Qué regalo de la naturaleza.

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¡Para arriba!

Mañana subimos para arriba otra vez. Intentaremos llegar lo más cerca de la arista final donde acaba este tapión de casi dos mil metros. Desde allí, una arista a la derecha conduce al Gasherbrum sur de más de siete mil metros o un plató horizontal que lleva a unirse a la vía española abierta en esta misma montaña. Desde este plató aún quedan metros para rato y montar al menos otro campamento.

Esto es como estar en las trincheras. Mientras estás en el campo base, se resiste, cuando toca salir no sabes lo que te espera, excepto el hecho claro de que se va a pasar mucho frío.

Cerca de nuestro campo base se encuentra un emplazamiento militar en defensa de ese territorio clave que es Cachemira. ¡Que mundos tan diferentes los nuestros! No es que tengan una infraestructura sorprendente pero están bien acondicionados y pueden resistir lo que sea en medio del glaciar. Es increíble que en un sitio tan remoto pueda la realidad devolverte a los problemas del mundo. Hemos entablado buenas relaciones con “el Mayor”, es un tipo educadísimo y con una visión de la vida muy abierta.  Nos visita y nos desea buena suerte.

En estos momentos me es difícil valorar el mundo en el que vivo, pero la montaña me devuelve a principios ancestrales. Que lo que nos hace sobrevivir o “tirar p’alante” son las esencias que todos conocemos: la amistad, el amor, los buenos momentos. Por eso es primordial subir mañana para arriba, para echar de menos todo lo que por costumbre olvidamos tan fácilmente. Yo creo que ya he llegado a ese estado. Puede resultar una banalidad, pero solamente la combinación de ambas cosas me lleva a encontrar un cierto equilibrio en la vida.

Ahora, me preocupa algo tan simple como salir con los pies bien calientes, que no me falte el aire y que pueda trabajar arriba para dejar bien montado el Campo 1.  La cima puede esperar.

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Conviviendo con el frío

Nieva en el campo base. No hace mucho frío considerando el lugar en el que estamos. Ya solo distingo que cuando hace mucho frío es porque estamos a menos de veinte o treinta bajo cero. Por momentos despeja y se ven montañas de siete mil metros alucinantes como embrujadas por la poca consideración que se les tiene y probablemente por sus pocas o ninguna ascensión. No podemos movernos a pesar de estar descansados, ni siquiera disfrutar de las vistas por mucho rato ya que fuera de la tienda te quedas como un pajarito en cuestión de minutos. Ya llevamos unas cuantas palizas de esas que le  hacen a uno alpinista. Cada día te acostumbras un poco más al frío al mismo tiempo que empiezas a cansarte por la incomodidad que supone.  Salir del campo base es como salir hacia la cima, tienes que preocuparte verdaderamente de que sales con los pies secos y calientes. Lo demás, es hacer vida dentro de las tiendas como una clausura voluntaria y hasta agradable.

Convivimos todos los días con los polacos que intentan la ruta normal del GI. Uno siempre piensa que los polacos son como las piedras que no padecen calamidades, pero sí. Se abrigan bien, comen fuerte y ven películas normales de Hollywood por la noche. Creo que son humanos. Al parecer ya se han caído varios en la grietas del glaciar que tienen que atravesar para llegar al campo 1, Sahín, su porteador de altura desapareció literalmente en el glaciar hasta que se tensó la cuerda, algunas de sus cosas, como la frontal cayeron en la oscuridad del abismo. Volvió con fuertes dolores de estómago. ¡Que menos! imaginando lo que debió pensar en esos momentos. Creo que aunque me pagaran en oro no iría por su ruta, tiene una pinta terrible. Nuestro glaciar en cambio es seguro y tranquilo, en cuestión de una hora y media ya nos encontramos a pie de pared.

De nuestro equipo se encuentran Darek y Tamara que están para filmar a Gerfried y Cedric. Gerfried, que es el líder de la expedición, está muy motivado. La idea originaria de esta ruta es suya y por ello no para de pensar todo el día en las mejores soluciones para trabajar en equipo.

Como decía, todos llevamos unas buenas palizas encima, de esas que después necesitas varios días de descanso. La ruta es increíble por las vistas y la velocidad con la que ganas metros a la montaña. Todo lo que vivimos cada día aquí es diferente a lo vivido en otras montañas. Supongo que era lo que venía buscando. El frío extremo marca la diferencia. La sensación de que cualquier fallo puede provocar una congelación crea una tensión constante. Somos plenamente conscientes a pesar de nuestra motivación y el apoyo que tenemos que tener éxito con la cima es algo muy complicado. De veintidós expediciones que ha habido en invierno en Pakistán solo una hizo cumbre, la de Simone Moro, Denis Urubko y Cory Richards el año pasado en el GII.

La diferencia con Nepal debe ser considerable, viendo que todos sus ochomiles se han alcanzado ya en invierno. Pero estar aquí ya es un triunfo en toda regla, haciéndonos sentir como los auténticos exploradores del pasado donde la vara de medir entre lo que es un triunfo o un fracaso nada tenía que ver con lo que estamos acostumbrados a entender.

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Día X, accidente con el pis.

Ya llevábamos dos días en el campo base recuperándonos de la marcha de aproximación cuando nos planteamos hacer el primer ataque a la pared aprovechando el buen tiempo. Con el cambio de horario yo no acababa de conciliar bien el sueño mientras Alex dormía como un niño pequeñito.

G I

Parecía una premonición que mi anterior entrada hablara de la dificultad de encontrarse la picha con el frío extremo, pero aún hay más.  Con la altura se  acelera el proceso de ir al baño. Es un buen síntoma de aclimatación. Todos los alpinistas saben que en condiciones de mucho frío hay que tener un bote para solventar el problema de tener que salir del saco en plena noche. Pues ahí estaba yo antes del madrugón que nos íbamos a meter para escalar y fijar algunas cuerdas. Me estaba aguantando dentro del saco con más de 30 bajo cero afuera hasta que cogí el bote. Normalmente no tengo mucho problema, me pongo de lado y ya está.

En esas estaba, aliviando las ganas cuando empecé a sentir un líquido alrededor del bote entre mi mano y las piernas. El comienzo de un accidente suave pero extremo. El bote estaba roto. El día anterior lo había golpeado contra una piedra para sacar lo que se había congelado. Sí, tenía una grieta donde y ya empezaba a inundarme. Como duermo con dos pantalones y un plumífero de chaqueta no me di cuenta de nada hasta que el charco estaba en pleno apogeo. Traté de mantener la calma como se debe hacer en estas circunstancias. Cogí la cremallera del saco manteniendo el bote con la otra mano y la cremallera congelada que no se abría. Pasaban los segundos mientras el pis se esparcía sin contemplaciones. Con tranquilidad y tratando de no verme más alterado por la situación conseguí abrir la cremallera con la mano y la boca al tiempo que Alex empezaba a descojonarse. No todo había acabado con salir del saco. Consciente de que tenía segundos para no congelarme, me cambié de ropa como pude y emplacé a Alex para madrugar un poco más y salir ya para arriba.

Con el pulso acelerado y la respiración entrecortada por mi parte comenzamos nuestro primer día en la montaña. A un ritmo relativamente rápido aprovechamos todo lo que dio el día escalando hasta casi llegar a los seis mil metros. Una pared increíble que me recuerda a los mejores largos de escalada en los Alpes.

Con el episodio matutino y el cansancio acumulado me volví a reencontrar con mi saco y otro bote nuevo ya que no me quedaba más remedio, así es la vida en el duro invierno del Himalaya.

Unos días antes de partir a esta aventura hablé con Gerlinde Katelbruner , que acababa de terminar sus ochomiles y se encontraba en Vitoria. Le pedí un par de consejos; me dijo que bebiera cinco litros de agua al día y no hiciera grandes esfuerzos los primeros días,  justo todo lo contrario a lo que estamos haciendo.

Comienzo de la ruta

Primeros largos

Carlos y Álex a 5700 m

Álex en el Campo Base

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Welcome to the cold


Hace ya una semana que emprendimos la marcha de aproximación al campo base del GI en el corazón del Karakorum. La sensación de adentrarse en un mundo prohibido en pleno invierno es algo que te acompaña todo el rato. No hay gente por ningún sitio. No hay una transición tranquila en este valle de más cien kilómetros de largo, el frío te ataca de repente. Los porteadores como siempre curtidos y fuertes también se abrigan. El frío no es algo que se pueda controlar, no hay un botón donde puedas apagar por un momento las bajas temperaturas para poder hacer algo en condiciones más cómodas.

Normalmente en una escalada invernal se suelen llevar unas cuantas cosas en los bolsillos para que no se congelen. Durante la marcha de aproximación he ido rellenando los bolsillos con tantas cosas que no alcanzo a sonarme la nariz, como si hubiera engordado unos kilos, yo que quería perder todos esos filetes y panteritas rosas que comí antes de venir.

Por las noches, el saco de dormir se convierte en una caja rígida con miles de cosas en su interior hasta el punto de no poder moverte bien y descansar lo justo.

Pasar al lado de las torres del Trango en condiciones invernales es intimidante. Me acuerdo de las grandes escaladas hechas por allí por Medinabeitia, los hermanos gallego, Kurt Albert y Wolfgang Gullich o recientemente los hermanos Pou o Huber.

Nos adentramos aún más al fondo, en el circo de algunas de las montañas más grandes. En medio del valle, nos preocupaba especialmente que no nos cogiera una tormenta en plena aproximación. Por suerte no ha pasado. Hemos sobrevivido a la primera.

El campo base nos recibe con treinta bajo cero en la primera noche. Esto para hacernos una idea de lo que nos espera. Todo se hace duro e incómodo. Yendo al grano, explico cómo es el asunto de ir al baño, cuestión siempre preocupante. En mi caso llevo unos pantalones de trekking gorditos, luego un peto interior y después los calzoncillos. Cuando llega el momento cumbre tengo que tener claro que mis manos están calientes y con los guantes interiores empiezo con la primera cremallera, después la segunda, busco algo detrás del calzoncillo y simplemente lo saco afuera. Como esta parte siempre esta caliente, parece que contrarresta el frío exterior por unos momentos. Cuando vuelve a casa se nota frescor por todo el cuerpo probablemente dejándole a uno inutilizado para cualquier arte cariñoso. Aquí te vuelves primitivo, todo se vuelve simple, comer algo caliente, estar abrigado y no pensar demasiado en lo que nos queda.

Nos ponemos el pulsioxímetro y Alex da 70 pulsaciones y 90 de saturación de oxígeno en el cuerpo, yo, en cambio, doy 90 pulsaciones y 85 de saturación, está claro aquí quién es el machaca. También están aquí unos polacos que intentarán la ruta normal, el corredor de los japoneses. Se les ve también abrigados, el frío no entiende de nacionalidades. Echo de menos las verdaderas pequeñas cosas como no estar obligado a respirar con un pañuelo en la cara todo el rato.

 La ruta parece estar en condiciones más secas que las del año pasado según Alex. Asoma a ratos un paredón de dos mil metros que conducirá a un plató superior a unos siete mil. Todo aquí es grandioso. Me gustaría poder demostrar que esto no es un viaje de colegas, sino que es una auténtica aventura donde hay cosas que transmitir. Creo que los alpinistas que más arriesgan tienen el deber moral de contar que allí arriba hay una ventana dispuesta a abrir nuestros ojos al mejor de los optimismos. Esa cualidad que hace que el hombre cumpla todos sus mejores sueños.

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Vuelos en Skardu.

Hace ya unos años que vine por estas tierras cercanas al Himalaya junto a Carlos Soria. Parece que la vida aquí no ha cambiado sustancialmente excepto algunos detalles. ¡Qué diferente es este país de lo que se ve a través de la televisión! La última vez que estuve en Pakistán el país estaba en plena guerra diplomática con India amenazándose mutuamente con bombas atómicas.  Nada tenía que ver con la realidad. Ahora pasa lo mismo. Tanto los medios como la información parece a veces estar aislada de una gran mayoría de las situaciones normales de un país. Aquí la gente es amable y se ve que todo el mundo quiere a Alex Txikon al que conocen de los últimos años en sus expediciones. Hasta los niños le saludan sabiendo su nombre. Algunos de ellos ya se saben el mío. ¡Que capacidad y que lección de educación! Toda la gente tiene un buen recuerdo para los que dejan buena huella, algo universal independientemente de la cultura local.

Hoy el frío ha sido un primer saludo para lo que nos espera. Tengo una buena cantidad de pensamientos contradictorios entre lo que quiero pelear por mis sueños y lo que estoy dispuesto a ser capaz de sufrir.

Hemos ido a unas laderas cercanas a jugar un rato con el parapente de speedflying que he traído para la ocasión. Era la primera vez que volaba esta vela, que va rápida, pero que se supone puede inflarse en peores condiciones de viento.  Lo de Alex es aún peor, se ha pegado un vuelo por primera vez en su vida justo después de hacer el curso de paracaidismo, algo muy diferente a volar con un parapente. Ha sido un vuelo pequeño pero lo justo para mantener nuestra motivación para lo que nos espera.

Ha empezado a nevar.

Alex Txikon grabando a 10 bajo cero en las cercanías de Skardu. Un trabajo arduo

Saliendo en las laderas cercanas a Skardu, parece un desierto al pie de las montañas más altas.

 

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