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El salto BASE más bajo y el más alto.

Hace justo un año de mi cumpleaños renovado después de darme el gran galletón en los galayos. Decidí no darle excesivas vueltas al asunto y seguir siendo lo que soy. Lo he festejado a lo grande con el salto BASE más bajo que se ha hecho en los Mallos de Riglos desde el Firé y con el salto más alto de unos 1400 metros en los Picos de Europa. El primero es más complicado pues supuestamente es más cerca del suelo, a unos trescientos metros como mucho y tienes que abrir el paracaídas casi cuando el traje de alas empieza a funcionar a pleno rendimiento. Ya he saltado unas cuantas veces desde el Fire y la punta “no importa”, la diferencia es que ahora le he ganado unos segundos al vuelo en vez de cinco segundos ahora vuelo unos diez. Respecto al segundo vuelo en los Picos de Europa lo difícil es saltar en un sitio donde el traje tiene que volar antes de los primeros doscientos metros de otra manera se cavaría un buen túnel en el talud justo debajo de la pared. Aquí la confianza tiene que ser total. Lo importante es que como diría Leo Houlding hay que estar “current” saltando todo el rato para hacerlo mejor. De eso se trata para el sueño que tenemos estos días en Pakistán donde queremos saltar del Laila Peak una montaña de 6000 metros de lo más bonita. A ver si tenemos suerte y lo puedo contar.

Saltando en Picos en el Valle de Liébana.

El mismo salto.

Gran amigo Tomas de Urriellu

En plena salida a punto de coger velocidad

Saltando del Fire en los Mallos de Riglos

Otro salto que no se había hecho con traje de alas. La pared de diablos en Montserrat

  1. El reseteo. Vuelta del odómetro al cero. El (doloroso) nacimiento. Debemos agradecer, sin embargo, que el titular no se derrame por fandangos que glosan al hombre nuevo, manía algo cansina y trillada, que casi importa un tópico, y un tópico obligatorio. Hay veces en que se produce la conversión, y suena veraz la palinodia, y uno se cree el auto-epicedio, así sea limitado, del yo que se abandona. Pero otras músicas concierta CS, todos los gaiteros soplan unísonos y unánimes en esos saltos que amenazan las orejas, y gastan lo físico de ellas con una lima de éter.

    [El “hombre nuevo”, (me parece), portavoz de quienes vivieron para contarlo –no suelen ahorrarnos detalle–, a menudo, y como encandilado por el antiguo, fija la vista en los restos del hombre usado, sobre muerto. Los episodios damascenos, las revelaciones y los conversos, tiran al monte del recuerdo. Una fijación con el pasado les avería el porvenir. Zarathustra, desengañado, sabe que transitar al supérstite con afán de vida incluye “la parturienta y los dolores de la parturienta.” (¿Sabría el gran Fritz que ese portazgo lo paga el superhombre –en el hospital? Cuídese, hermano.]

  2. Te acuerdas de las sensaciones de hace 20 años en la cima de Urriellu? Quién iba a decir que ahora estarías enganchado a volar?

    Suerte en el Laila, Carliños.

    Saludos

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