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Momentos de reflexión sobre el asunto del riesgo

Junto Douggs y Stanley dos de los mejores saltadores BASE.

 

Se nos hacía de noche en la cima del Monte Asgard y pensé en la suerte que tenía de poder hacer un salto BASE y descender en cuestión de segundos al campo base en el glaciar. Allí estaba con Sean Leary “Stanley” y Leo Houlding. El salto BASE me enseñó las posibilidades que podría alcanzar en el futuro, especialmente en ese momento en el que nos íbamos a librar de un vivac duro en pleno círculo polar ártico. Ese salto lo tengo como uno de los mejores. Me enseñó lo que vendría más adelante.

En la cima del monte Asgard con Stanley a la izquierda

Si hay algo que he aprendido haciendo alpinismo es que la verdadera felicidad viene acompañada de mucho sufrimiento. Una de las cosas más bonitas del alpinismo es la suerte de conocer a grandes personajes, gente que lleva una vida intensa, interesante cuanto menos y sin duda inspiradora. Muchos de ellos también han fallecido. Desde que se fueran Alfonso Vizán, Manolo Chana, Kurt Albert, Tomas Humar, Álvaro Bultó, no ha habido un momento en el que todo lo bueno que tenían me haya dejado de acompañar.

Stanley ha sido el último en irse de una manera muy trágica. Su mujer estaba embarazada de siete meses. Conviví con Stanley en Canadá durante nuestra expedición al Asgard, después en Inglaterra, y finalmente  en Riglos, Vitoria y el Valle de Arán donde saltamos homenajeando a Álvaro Bultó. Hablé con Stanley profundamente sobre el salto BASE, sobre su futura paternidad. Stanley dejaba huella por su impecable humildad. Me dijo que quería ser el padre saltador BASE más seguro del mundo. Pero esa frase para mi carecía de sentido en el mismo momento que me la decía. Stanley no tenía freno, quería saltar en cada instante de cualquier sitio. Estaba haciendo los saltos con salidas más difíciles que se están haciendo hasta la fecha, tirándose de paredes donde en poco más de cien metros impactas contra el suelo, algunas de ellas incluso no tenían la verticalidad deseada. Era el escalador -saltador BASE más bueno que más desconocido era. Probablemente los nervios de su futura paternidad y el saber que tendría que frenar durante un tiempo le hizo saltar con mayor ansiedad, pero una vez más fue estar en primera línea es lo que le hizo cometer este error humano que resultaría fatal.

Nadie sabía que estaba solo, encontraron su cuerpo una semana más tarde. Unos años antes Stanley se vio ingresando en un club en el que pocos han participado. Le ocurrió que iba conduciendo su novia al volante de su coche cuando se le fue hacia un lado, Stanley cogió el volante y eso provocó que dieran varias vueltas de campana. Su novia apareció destrozada y muerta a su lado, Stanley sin un rasguño. Días antes se habían jurado amor y ella tenía malos presentimientos, le preguntó a Stanley que si a ella le pasaba algo que es lo que haría él. Stanley respondió que viviría con toda la intensidad del mundo. Y eso hizo, vivió pensando que en cualquier momento te puede pasar lo que menos te imaginas, lo hizo hasta el último día como si no fuera a haber otro. Los que le conocimos podíamos ver que tenía en la mirada aquel día que le cambió la vida.

Saltando en Lillo con Dario Barrio y Armando del Rey! volar con trajes de alas es lo más parecido a volar como un pájaro.

Son varios los accidentes que han ocurrido últimamente. Es fácil decir que se deja y ya está, yo mismo me lo planteo cada día. Pero no me doy tanta importancia, mi opinión no cuenta, ni tiene valor. Hay una realidad y es que el mundo del paracaidismo es imparable al igual que lo ha sido la escalada y el alpinismo. El lado extremo del salto BASE ha perfeccionado la técnica y los equipos. Ha hecho evolucionar la actividad humana al igual que los primeros vuelos en avión. La aviación comercial y su facilidad para comunicarnos acercó el progreso, el reparto de riqueza y la desigualdad entre personas. No digo que el salto BASE sea algo parecido sino que es una actividad tan noble de la condición humana como para respetarla. Llegará un momento en que todo se ordene y sea algo más aceptado como lo es hoy en día el motociclismo o la Fórmula 1. Para mí no es el momento de abandonar aunque momentáneamente no me apetezca saltar mucho. Tengo varios sueños que quiero hacer porque me hacen muy feliz, solo espero no cometer fallos y dejarlo cuando sea necesario.

Junto a Stanley la última vez que nos vimos en el Valle de Arán

 

Su familia y amigos crearon esta web para ayudar a Mieka la mujer de Stanley

http://www.youcaring.com/memorial-fundraiser/sean-stanley-leary-memorial-fund/160029

Si queréis leer más acerca de Stanley, aquí hay un artículo muy sincero de Steph Davis que escribió hace unos días.

http://www.highinfatuation.com/blog/sean-stanley-leary/

Una de mis fotos preferidas después de acabar la larga marcha al final de la expedición al monte Asgard

 

  1. El pronóstico de un tiempo mejor donde el BASE forme parte de la cotidianidad –se integre en ella– me parece un acicate especioso para un saltador. Tiene más bien la pinta de un argumento con que silenciar a los contrarios, que tan encendidamente denuestan la actividad a examen. Pero, en lo que respecta al estímulo de cada tipo, no vale.

    [Mera profecía. Aliviada del rencor que, en el otro lado, escandaliza a los detractores. En ese rasgo –el escándalo– quiero fijarme. Porque es lo que se siente entre las diatribas de quienes condenan, y es a lo que responden los que absuelven: “ahora parecerá absurdo, pero en un futuro otra recepción se entrevé. ¿Que se pierden vidas? Igual pasó cuando las puericias de la aviación, y mira ahora, maduras y provechosas las que fueron minores de edad.” ¿Se ve cómo funciona el argumento, se ve que el porvenir se alega en cuanto atenuante, y hasta eximente, de responsabilidad? ¿No se da así la razón al otro partido; no se admite el escándalo como mal menor, premisa histórica, contradicción necesaria, estado revisable de opinión, que, por resultar en la mejora de las condiciones materiales de vida, cuando el futuro lo haga universal y seguro, bien puede malversar unas pocas vidas y la osadía de filántropos inconscientes?]

    Yo no veo necesidad ninguna de camuflar el escándalo. Sólo es una reacción visceral de la razón reducida (reconducida) a la contradicción. No está en el escándalo el problema, sino en el absurdo. En el desnivel entre la acción y la razón. Téngase esto en cuenta.
    Prever un futuro donde se subsane el desnivel, se iguale el piso, y se garantice una ida con razonable vuelta: ¿no es prever un BASE asimilado, domado, doméstico, durmiente, un BASE saludable y probiótico, mediante el que uno se puede curar?

    Pero, ah, amigo: el hálito indomable de quien abraza el vacío y la contradicción [“me tiro, a ver qué ocurre; pero con paracaídas, no vaya a ser que ocurra”] pone los pelos de punta.

    Arriesgo una hipótesis. Nuestra carne sabe que es en vano la vida, llamada al fracaso mortal y forzada, mientras llega, forzada a la Pasión de Sísifo. Nuestra carne sabe, pero no acepta. Siente la disposición de perpetuarse bajo el patrocinio de la posteridad, medida en generaciones y actuada por la genética. Eso siente, y eso sabe nuestra carne, y nuestra carne se duele y se inquieta y desazona.
    –Normal –dice la razón, que es una sabihondilla.– Es que es absurdo. El individuo sirve a la especie, para quien no es más que un decimal, y remoto –sigue la razón.– Porque hemos llegado a la paradoja de lo uno y lo menos que uno, trastorno evidente de aquella de lo uno y lo múltiple. A la certeza de que el individuo, como sujeto, es menos que un sujeto. Es mera ocasión de la especie. Y esta sí es un verdadero sujeto. Asunto que se deja pensar, pero no sufrir, vale decir, se aviene a razones, no a compasiones.

    El caso incurre en la esquizofrenia no a consecuencia de una personalidad múltiple, sino de una personalidad divisora. “Yo” resulta de la integración fantasmagórica y alucinada de piececitas anímicas; “mi yo” ocupa una solamente; y, en la tesitura de estar extrañando las complementarias, construye el compacto-individuo, inexorable ampliación mágica, que siempre le deja tiritando. Mi yo obtiene el “yo” por síntesis operativa en la región de los ideales, se hace pasar por motor cuando la verdad es que “lo pasan”, lo atraviesan palancas y bielas, piezas de un motor completo: la especie, la evolución, la física y sus átomos, la química y sus elementos…

    Arribamos a la conclusión. Sin formar parte de la escalada o la montaña, el BASE, en paralelo y junto con ellas, se instala en el vecindario del riesgo. El tipo que se arriesga, en su desacato de la racionalidad (¡pero toda vida y todas sociedad lo son, son marionetas de un impulso que viene antes que la razón, y que en su desarrollo ha creado la razón, y muchas cosas más!) en su desacato, pone en solfa cuanto acatamos. Creemos que la humanidad se distribuye por el conjunto de la comunidad, lo que nos obliga a ciertas atenciones para con la comunidad y para con la humanidad. ¡Y este Carlos nos restriega por la cara que la voluntad, condición de la entrega de las atenciones, condición de las obligaciones y los derechos (condición de la responsabilidad), que la voluntad va antes, y hay que ganársela. ¿Cómo?: indagando qué va antes de la voluntad: total, hay que destapar todos los pucheros, empiezo por éste.
    ¿Que no entiende, joven? Se lo digo de otra manera:

    El riesgo es el modo más breve y elegante de mostrar el absurdo, la forma más elocuente de la contradicción.

  2. Como siempre genial Josemi!! te estaba esperando!
    Especialmente el ultimo párrafo simplemente perfecto

  3. Hola. En mi opinión(escribo desde el móvil disculpen las faltas ortográficas), la conclusión de Josemi no se sostiene. Se puede encontrar documentación de que el salto base podría ser un sustituto de las cuerdas en escalada alpina. Por lo tanto la tarea de los saltadores resulta ser de un fin bastante lógico también. Saludos.

  4. Imagínese que usted recoge lazada a lazada una cuerda en una bobina, y que la cuerda tiene un nudo. Uno sencillo, sí, pero que impide a la cuerda ajustarse a la bobina. Imagine que la operación de arrollar una en otra, váyase a saber cómo, constituye para usted un asunto de máxima seriedad. Imagine, por último, que usted da por descontado que no le dará la vida para alcanzar el cabo de la cuerda que devana, independientemente de si es infinita o no lo es.

    Usted no se descorazona fácilmente, lucha con el nudo, relaja los lazos, desplaza el artefacto un metro, ciñe cuidadosamente el metro ganado al carrete.

    Que usted, Clau, o yo tengamos razón ¿qué importa?

    [A veces vemos desde lejos las cosas. En una de sus novelas, Bukowski-personaje se sitúa en un paso elevado. Es de noche, y, debajo de él, un tráfico laborioso dispone civilizadamente dos chorros de luz que se cruzan. Lo que una de las hebras avanza, lo que progresa, la otra lo retrocede y lo regresa. Abrazándose siempre una fibra a otra, persiguiéndose hasta el horizonte de pizarra de la noche, donde desaparecen. Desmintiéndose palmo a palmo. Bukowski es más económico que yo, pero no es más sensible observador del espectáculo. A veces nos ocurre ver de lejos los afanes, desde arriba, desde el Abantos. Como si ya no formáramos parte de él. Y más no digo, porque para deshacer el nudo uno tiene que disponer del cabo libre –si es civilizado– o deshacer el trabajo cosmético de siglos –si no lo es–; y, francamente, tampoco se ve razón: motivo sí: con el nudo, no pasa cuerda. Pero ¿razón?]

    PS: Usted, Clau, imagina unas circunstancias en las que el BASE sería de lo más práctico. Yo insinúo que ud ajusta el mundo al BASE, hace de la realidad un traje cortado a la medida de aquel. Pero siento que no es ilegítimo, que forzar lo inerte de la realidad, lo disponible de ella, a determinado propósito, eso no es ilegítimo. Es, apenas, artificial.
    (Pero yo sospecho que la naturaleza se peina los pelos de la realidad de otra manera, y, si quiero forzar el límite que divide lo natural de lo artificioso, si quiero apurar el límite, ir hasta el borde mismo, etc., etc. Ya se adivina. Otra vez.)

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